viernes, 22 de septiembre de 2023



FEMICIDIO

“… por abolir la polaridad cósmica de los

                                                                                                                                        principios macho y hembra, nuestra sociedad conoce todas las incidencias psicológicas propias del fenómeno

moderno llamado de la lucha de los sexos”.

Lacan, J., “La agresividad en Psicoanálisis”

 

 

El concepto de femicidio fue utilizado por primera vez en un contexto jurídico en el año 1976 en el Tribunal Internacional sobre los Crímenes contra la Mujer en Bruselas por la feminista Diana Russel y Jane Caputi para denunciar formas de violencia extrema contra la mujer. La definición que se dio allí fue: “asesinato de mujeres por hombres motivado por odio, desprecio, placer o sentido de propiedad de las mujeres”.

En Argentina, el término comenzó a popularizarse en la primera década del 2000, de la mano de movimientos feministas que enunciaban y denunciaban como un hecho político y social los asesinatos de mujeres causados por hombres. Poco a poco el concepto de femicidio fue extendiéndose y reemplazó al de crimen pasional.

El 14 de noviembre de 2012 se sancionó la ley 26.791 que modificó el artículo 80 del código penal argentino incorporándole la figura de femicidio para “quien matare a una mujer, cuando el hecho sea perpetrado por un hombre y mediare violencia de género”.

Femicidio vinculado y femicidio no íntimo

La noción de femicidio vinculado registra dos tipos de víctimas: las personas que fueron asesinadas por intentar impedir el femicidio y por el otro, aquéllas personas con un vínculo con la mujer, familiar o afectivo, que fueron asesinadas por el femicida con el objeto de castigar o destruir psíquicamente a la mujer.

El femicidio no íntimo, es un caso en el que el autor del crimen es un  hombre y la víctima una mujer o una identidad feminizada, mediando violencia de género pero sin que el victimario o la víctima hayan mantenido una relación de vínculo previo.

La justicia en Argentina cuenta con un protocolo de actuación de las fiscalías para que los integrantes de ese Ministerio Público cuenten con pautas ágiles y objetivas para identificar de manera eficaz y poder implementar medidas rápidas ante situaciones de riesgo a las que pueden estar expuestas las personas por razones de género.

En el año 2022, según el Observatorio “Adriana Marisel Zambrano” que coordina la Asociación Civil “La casa del encuentro” hubo en Argentina un total de 300 femicidios y 7 transfemicidios.

El 52 por ciento de los agresores (160 casos) eran parejas o ex parejas de las víctimas, mientras que el 17 por ciento (40 casos) eran familiares.

En cuanto al rango etario, 162 tenían entre 19 y 50 años mientras que 13 casos eran menores de edad y 44 superaban los 41 años.

Con respecto a los femicidas, el mismo informe revela que 16 de ellos pertenecían a fuerzas de seguridad y 46 de los autores se suicidaron después de cometer el hecho.

 

 La violencia y el género desde la perspectiva del psicoanálisis

Así como otros términos que son de uso común como responsabilidad, conciencia del acto etc, la violencia de género debe encontrar una especificidad para el psicoanálisis.

En principio, podría decirse que la violencia comienza cuando las palabras fallan.

Lacan aborda el tema de la violencia desde sus primeros escritos, entre ellos, el más importante es, sin duda “La agresividad en Psicoanálisis” (Lacan, 1966a), en el cual se trata el concepto de pulsión de muerte desde la perspectiva de la agresividad imaginaria.

En la época clásica de su enseñanza continúa ubicando la violencia en el eje imaginario. En el escrito “Introducción  al comentario de Jean Hippolite a la verneingnung de Freud” dice: “ ¿no sabemos acaso  que en los confines donde la palabra dimite empieza el dominio de la violencia, y que reina ya allí, sin que se la provoque? tenemos entonces que la dimisión de la palabra puede implicar el comienzo de la violencia (Lacan, 1966b)

Luego, en el Seminario 5 dice: “…la violencia es ciertamente lo esencial de la agresión, al menos en el plano humano. No es la palabra, incluso es exactamente lo contrario. Lo que puede producirse en una relación interhumana es o la violencia o la palabra. Si la violencia se distingue en su esencia de la palabra, se puede plantear la cuestión de saber en qué medida la violencia propiamente dicha […] puede ser reprimida, pues […] solo se podría reprimir lo que demuestra haber accedido a la estructura de la palabra, es decir, a una articulación significante” (Lacan, 1958)

En este párrafo refuerza la idea de oponer violencia y palabra.

Además, la definición recuerda un principio del psicoanálisis: solo se puede reprimir lo que accedió a la estructura de la palabra. Eso nos permite pensar que la violencia cuando se produce resulta imposible de reprimir ya que burla la articulación significante que podría capturarla.

Finalmente Lacan varía su enfoque en el último tramo de su enseñanza. El tema no aparece tan explícitamente pero aparece en sus derivaciones en los temas como la segregación, el racismo o el estrago, que pueden ser tomados como las distintas declinaciones de la violencia.

En su última enseñanza, Lacan apela al ascenso al cénit social del objeto a y a la caída de los ideales. El objeto a es pensado como los objetos de consumo que se prometen como medio de obtención de goce, esto ya no será regulado por los significantes ideales sino por ese objeto que en el mercado capitalista se convierte en un motivo de consumo por el cual se promete la obtención de ese goce.

En este marco podemos ubicar las declinaciones de la violencia a las que se refiere Lacan y abordaremos fenómenos actuales ligados a la violencia que continúan escapando a las articulaciones significantes, pero ahora quedan vinculados a lo Real.

Cabría consignar aquí, el concepto de síntoma social, en “La tercera”, Lacan lo define así: “… Sólo hay un síntoma social: cada individuo es realmente un proletario, es decir, no tiene ningún discurso con qué hacer lazo social, dicho con otro término, semblante” (Lacan, 1974)

Es decir que cuando se produce un síntoma social, el individuo no cuenta con el recurso de poder decirle algo al otro, de dirigir su mensaje al otro por no contar con ningún discurso que le permita crear un vínculo con él, que le permita hacer un lazo social.

A partir de estas consideraciones podemos pensar que si la violencia se produce por fuera de la articulación significante, como una manifestación asocial que incomoda e impide el establecimiento del lazo social, y si como habíamos dicho el síntoma social es cuando se evidencia que el individuo no tiene ningún discurso con qué hacer lazo social, entonces la violencia es un síntoma social.

El “género”, por otra parte merece una consideración especial. Es importante aclarar que para el psicoanálisis, la posición sexuada hombre y mujer no está dada por la anatomía. Sino que son posiciones que están referidas a la castración, al falo y a la particular manera de gozar.

La forma fetichista para el lado hombre y la forma erotómana en la mujer, son las formas en que cada ser sexuado, hombre o mujer se posiciona frente al otro sexo. La forma masculina se ajusta a la fórmula del fantasma, en tanto el sujeto dividido se dirige al objeto a, objeto de goce preciso, ubicable y unívoco.

Por el contrario, la fórmula de La tachada, donde se ubica la imposibilidad de escribir lo femenino y se dirige al significante del Otro en tanto tachado S(A/) se dirige no al objeto sino al Otro.

Se trata de la afinidad de la mujer con este Otro, esa alteridad que ella misma es para con ella, Este Otro que a la altura del Seminario 20 es el cuerpo mismo. La parte mujer también se desdobla en dirección hacia el falo, este desdoblamiento es leído como el No-Todo.

El partenaire síntoma y el estrago

Me parece interesante a los fines de este trabajo puntualizar cuestiones sobre la disparidad de los goces, ya que en el femicidio se trata de establecer las coordenadas en las cuales un hombre mata a una mujer.

Por un lado, tenemos la vertiente de la mujer como síntoma de un hombre: el síntoma es un aparato que articula deseo y goce, la mujer síntoma tendría para un hombre ese valor de ser aquélla que puede realizar esa articulación entre su goce y su deseo, es decir que ocupa el lugar de la causa de deseo de un hombre.

La relación de pareja supone que el Otro se torna el síntoma del parlêtre, es decir que se convierte en un medio de goce, en un modo de gozar del inconciente y del saber inconciente, en un modo de gozar del cuerpo del Otro.

Lacan dice que una mujer es un síntoma para un hombre y que un hombre puede ser para una mujer una aflicción, incluso un estrago.

Así como el síntoma entraña un sufrimiento localizado, limitado, el síntoma para la mujer por estructura se presta a la infinitización, está marcado por la estructura del No- Todo y en ocasiones puede llevarla al estrago; éste tiene que ver con la demanda de amor infinita que puede encarnar una mujer. En ese sentido un hombre puede ser una desvastación para ella.

Al no existir correspondencia entre los sexos, se revela que no hay armonía entre los modos de gozar de los seres colocados a uno y a otro lado de las fórmulas de la sexuación. Por esta razón, la pareja se hace sintomática.

El malentendido del goce

El primer malentendido al que el sujeto se enfrenta es al que lo enfrenta al deseo del Otro, un malentendido que hace aparecer una fractura en la significación y que tiene un efecto traumático.

El segundo malentendido, es el malentendido del goce entre los sexos, ya no se trata ahora de que no haya simetría entre los sexos, es que en el campo del goce no hay tampoco reciprocidad posible entre ellos.

La alteridad del goce del Otro es con frecuencia experimentado como intolerable para el propio sujeto. Es precisamente uno de los desencadenantes de la violencia dirigida al otro, especialmente a la violencia contra las mujeres.

Frente al malentendido entre los sexos, frente al problema del irreductible goce del Otro como traumático hay dos vías, dos mecanismos: la construcción de un fantasma y la otra es la del pasaje al acto violento que pone en acto ese fantasma, atravesando el marco de su pantalla.

Como decía al principio de este trabajo, el lugar del objeto a como gadget, como aquéllos objetos de consumo que ascendieron al cénit social y que a la vez provocaron  la caída de los ideales y la disolución de los semblantes quizás sean las coordenadas que expliquen que la pantalla del fantasma parece cada vez más tenue, cada vez parece cumplir menos su función de defensa contra el goce del Otro, cada vez el sujeto se ve llevado de manera más imperativa al pasaje al acto.

Considerado en la posición masculina, el pasaje al acto violento sobre una mujer se suele revelar como una forma de buscar y golpear en el Otro, lo que el sujeto no puede simbolizar, lo que no puede articular con palabras sobre sí mismo.

Puede entenderse así la relativa frecuencia con la que el pasaje al acto ejercido por el hombre termina en el suicidio o en quedarse al lado de la víctima para ser detenido. No se trata tanto del autocastigo como de la consecuencia última de un acto que toma al otro como lugar mediador en el que golpearse a sí mismo.

 

 

Algunas cuestiones relacionadas al femicidio

Por la limitación que impone la extensión de este trabajo no profundicé sobre algunos temas que me resultaron muy interesantes en el transcurso de la investigación y que me gustaría dejar planteados.

En principio, en relación a lo femenino, es necesario destacar la posición y el empuje a la infinitud que la demanda de amor puede tomar a una mujer y que unida a la impotencia que provoca a los hombres los nuevos posicionamientos femeninos, puede dar lugar a la violencia.

Otro aspecto que me interesó, es el planteo de la violencia como suplencia transclínica a la relación sexual que no hay. Un estudio de los nuevos “odioenamoramientos” a la luz de los cambios sociales.

El lugar del superyó en la mujer y las consecuencias estragantes de poner el amor de un hombre en el lugar de aquél que podría ponerla en una posición de culpabilidad.

En el caso de los hombres, la posición en la que queda el sexuado masculino cuando la mujer no responde como objeto de su fantasma y lo interpela desde un lugar enigmático .

La feminización del mundo y sus consecuencias.

Bibliografía

Bassols, M. (2017). Lo femenino entre centro y ausencia.

Biaggio, Mónica (2012). Del estrago al síntoma, una apuesta clínica. Grama Ediciones

Lacan, J. (1958). El Seminario, Libro 5: Las formaciones del inconciente. Paidós, 1998

Lacan, J. (1966a). “La agresividad en Psicoanálisis”. En Escritos 1. Siglo veintiuno. 2012

Lacan, J. (1966b) “Introducción  al comentario de Jean Hippolite a la verneingnung de Freud”. En Escritos 1. Siglo veintiuno.2012

Lacan, J. (1974) “La tercera”, en  Intervenciones y textos 2. Manantial, 1988

Miller, J. (2005). El Otro que no existe y sus comités de ética. Seminario en colaboración con

Eric Laurent. Paidós

Miller, J.A. (2008) El partenaire síntoma. Paidós

Ramírez, M. (2010). Actualidad de La  agresividad en psicoanálisis de Jacques Lacan”. Grama

Ediciones.

Revista Bitácora Lacaniana n 3 (2014). Grama Ediciones

Sawicke, P y Stillo, B (comp). (2014). Relaciones violentas, entre el amor y la tragedia. Grama Ediciones.

Tendlarz, S y Dante García, C (2009) ¿ A quién mata el asesino? Grama Ediciones.

Tendlarz, S.  (2002). Las mujeres y sus goces. Colección Diva

 

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Sometimiento. Notas sobre un tratamiento posible para los abusadores sexuales El delito contra la integridad sexual, en todas sus formas, es...