Compensación imaginaria del Edipo Ausente. Una lectura de "A sangre fría" de T. Capote
“Yo que
sentí el horror de los espejos
no sólo
ante el cristal impenetrable
donde acaba y empieza,
inhabitable,
un
imposible espacio de reflejos”
Jorge Luis
Borges.
En “El
Hacedor”
Introducción
Me propongo, en el
siguiente trabajo, hacer una articulación entre el concepto de psicosis
ordinaria y el personaje de la novela de Truman Capote “A sangre fría”, Perry
Smith.
A mi entender, el
personaje es descripto por el autor (desde la fascinación que se sabe le
provocaba) como un hombre errático, impulsivo, abandonado por sus padres,
desamparado. Perry produce en Capote una gran curiosidad y lo describe con fino
detalle, citándolo.
Esa descripción
del personaje podría servir para ilustrar el pasaje al acto en una psicosis ordinaria,
aparentemente inmotivado pero si se analiza en detalle, con una serie de hechos
que, encadenados, llevaron a él.
Mi hipótesis es
que este personaje, encuentra a lo largo de la biografía que Capote realiza,
una serie de compensaciones imaginarias que le permiten estabilizarse. Junto
con eso, hay toda una serie de detalles forclusivos, pequeñas sutilezas que a
mi entender aparecen en la novela como “rarezas” propias de este personaje y
que podrían estar en el marco de estos detalles.
Finalmente creo,
que la ya fallida y frágil sutura identificatoria fracasa en el momento del
hecho. La virilidad de Dick es puesta en cuestión en la escena en la casa de
los Clutter y Perry pasa al acto.
La novela
La novela “A
sangre fría” fue escrita por Truman Capote entre los años 1.960 y 1.966. Se
trata de una ficcionalización de un hecho real.
El autor toma
conocimiento de los hechos a través de un artículo periodístico y se embarca en
una exhaustiva investigación, que incluye entrevistas a los habitantes del
pueblo, semblanzas del mismo, análisis de las declaraciones judiciales,
pericias etc.
La novela da lugar
a un nuevo género literario y dio lugar a una nueva manera de escribir en la
literatura norteamericana: lo que se traduce como “nonficcion novel” o novela testimonio.
Capote utiliza en
el libro una estructura narrativa original que le permite moverse libremente
sobre la historia que va a contar. El lector sabe desde el principio que ha
habido un cuádruple crimen: la familia Clutter ha sido asesinada: el matrimonio
y dos hijos adolescentes. El horror ha ocurrido en el pueblo de Holcomb,
suburbio de Garden City.
La familia Clutter
representa los ideales norteamericanos de la época. Se trata de una muerte
brutal y sin motivo aparente.
La comunidad de Holcomb,
un pueblo tradicional del Estado de Kansas, hasta ese momento un lugar tranquilo,
de puertas abiertas, se describe conmovida.
Paralelamente, de
un modo contínuo en el relato, Capote describe el raid anterior y posterior de
los autores de la masacre: Perry Smith y Dick Hickock. Ambos hombres
convivieron en la cárcel y luego se encuentran para cometer el robo en la casa
de los Clutter, en base a un dato erróneo que un compañero de celda le
transmite a Dick.
El relato, en
forma de mosaico, de flash backs facilita el dinamismo de la acción y atrapa al
lector.
La noticia impacta
a la opinión pública, revela que la tradicional vida de la clase media
norteamericana guarda en su seno un núcleo de odio, resentimiento y rencor.
… “La impresión
que nos hubiese causado el crimen no hubiera sido tan tremenda si no se hubiese
tratado justamente de los Clutter. De alguien menos admirado que ellos, próspero y seguro. Pero es que esa familia
representaba todo cuanto la gente valora y respeta. Y es que una cosa así les
haya podido suceder precisamente a ellos…, bueno, es como si nos dijeran que no
existe Dios. Hace que la vida parezca sin sentido”. (Capote, 1965, p.120)
Mientras se desarrollan
las investigaciones, la novela va desplegando el perfil psicológico de los
personajes de la trama: las víctimas, los asesinos y los habitantes del pueblo.
Los diálogos entre
Perry Smith y Dick Hickock permiten trazar un hilo biográfico en forma de
rompecabezas que muestra las tensiones en aumento que llegan a su punto máximo
en la escena del crimen.
El orden aleatorio
de la revelación de los hechos, hace que esta escena se narre en un punto
avanzado de la historia, mediante la declaración de los acusados a la policía.
Se revela entonces, que el horror ha sido resultado de un “accidente psicológico”, reflexión que el autor atribuye a Al Dewey,
policía de pueblo que comanda la investigación.
“Tristeza y
profunda fatiga en el centro del silencio de Dewey. Había sido su ambición
saber qué había pasado en la casa aquélla noche”… “El crimen era un accidente
psicológico, un acto virtualmente impersonal; las víctimas podían haber sido
muertas por un rayo” (Capote, 1965, p. 321)
El personaje del
policía representa la figura del pueblo. Encarna lo incomprensible para un
neurótico del hecho de que el horror pueda devenir de un acto aparentemente
inmotivado desde la perspectiva del fantasma. El personaje de Dewey intenta
durante toda la novela armar un rompecabezas psicótico con piezas neuróticas:
se pregunta por ejemplo cómo dos individuos pueden llegar al mismo grado de
violencia en el mismo momento o cómo pueden coexistir en la misma escena la
compasión y la solidaridad de poner a la víctima sobre la caja de un colchón
para que esté cómoda y la furia de cortarle luego la garganta.
Capote describe en
forma brillante, los contrastes de la sociedad norteamericana y también su
hipocresía. Al final de la novela, Smith y Hickock son ejecutados, luego de
cinco años de vaivenes judiciales.
Las Psicosis Ordinarias
El concepto de
psicosis ordinarias, o más exactamente, el programa de investigación propuesto
por Jacques Alain Miller, está en relación con aquéllos casos que interrogan y
hacen obstáculo desde la perspectiva de una clínica discontinuista: ausencia o
presencia del significante fálico.
En estas
presentaciones se descarta la neurosis pero es necesario pensar en la
singularidad del caso más en desenganches y reenganches que en
desencadenamientos o en síntomas psicóticos ruidosos y específicos como el
delirio, las alucinaciones o el intento
de una estabilización vía una metáfora delirante.
La nueva
perspectiva diagnóstica pensada como un contínuo, responde a la necesidad de un
nuevo ángulo que permita al psicoanálisis establecer marcos para pensar la
clínica contemporánea, a la luz de los fenómenos que se presentan en los que
Miller y Laurent han denominado la época
del Otro que no existe. Época que ha llevado al ascenso al cénit social
del objeto a, a la proliferación de los comités de ética y a la dehiscencia de
las figuras de autoridad y de encarnación de los ideales.
Las psicosis
ordinarias y las extraordinarias comparten el agujero forclusivo respecto del
Nombre del Padre. Ambas se diferencian en el tratamiento del mismo.
Ya en su Seminario
3, Lacan trata de pensar a través del caso Schreber, qué desencadena a este
sujeto, cuál es su enganche con el mundo, cuál su desenganche y a través de qué
recursos vuelve a engancharse. También se interesa por la coyuntura previa al
desencadenamiento, lo que llama las pre psicosis que incluye el momento de la
psicosis compensada imaginariamente y el de la perplejidad, lo que llama punto
pánico.
Dice allí Lacan:
“Nada se asemeja tanto a una sintomatología neurótica como una sintomatología
pre psicótica” (Lacan, 1981, p273). Para ejemplificarlo toma un caso de Katan
en el cual un adolescente toma identificaciones imaginarias de un grupo de
compañeros que le permite sostenerse… “mediante una identificación, un
“enganche” siguiendo los pasos de sus camaradas” (Lacan… p 273). De esta manera
articula una respuesta, un ordenamiento frente al goce que lo interroga
respecto de la virilidad: cómo ser un hombre.
Este modo de
compensación imaginaria se relaciona con las personalidades “como si”,
destacadas por H. Deutch, que Lacan define como compensación imaginaria del Edipo
ausente. Esta identificación imaginaria reduce la función paterna a una
imagen “que no se inscribe en ninguna dialéctica triangular, pero cuya función
de modelo, de alienación especular, le da a todo sujeto un punto de enganche y
le permite aprehenderse en el plano imaginario (Lacan, 1981p. 291). Estos
puntos de compensación, de sutura en espejo permite a los “psicóticos vivir
compensados, tienen aparentemente comportamientos ordinarios considerados como
normalmente viriles y, de golpe, Dios sabe por qué, se descompensan” (Lacan,
1981 p. 292)
Lo que Lacan llama
enganche y punto de enganche, son arreglos con un punto forclusivo antes del
desencadenamiento, en el caso que nos ocupa, el acceso a la virilidad.
Es lo que Jacques
Alain Miller denomina en su texto “Efecto retorno sobre las psicosis ordinaria”
como un CMB (compensatory make beliebe), un sustituto del Nombre del Padre, un
como si en el que se cree.
En la vida de
estos sujetos compensados imaginariamente, hay signos discretos de forclusión,
puntos de enganche y desenganche, errancias que dan cuenta de un ordenamiento
no standard, signos ínfimos de forclusión, precarias identificaciones que
permiten al sujeto hacer frente al goce.
Se trata entonces
de sujetos que se identifican en el eje a-a´, que hacen exactamente lo que hace
su compañero imaginario, mientras eso se sostiene, mientras no haya un paso en
falso para que el espejo se quiebre. Si ocurre algo que desestabiliza esta
frágil solución, la catástrofe subjetiva adviene, la defensa contra lo Real,
fracasa.
El “caso” Perry Smith. ¿Una psicosis ordinaria?
“La
vida de Perry Smith no había sido ningún
lecho de rosas
Sino
algo patético, una horrible y solitaria carrera de
un
espejismo a otro.”
Truman
Capote, “A Sangre fría”
La hipótesis que
orienta este trabajo es que el personaje de Perry Smith (siempre teniendo en
cuenta que se trata de una ficción y lo que leemos es el producto de que lo que
el autor escuchó, lo escribe con su fantasma) es alguien que se adscribe dentro
del diagnóstico de Psicosis Ordinaria. Esta hipótesis es la que trataré de
probar tomando los datos biográficos que T. Capote aporta, el in crescendo de
la tensión entre Dick Hickock y Perry Smith durante su viaje al lugar del hecho
y el punto cúlmine en la escena del crimen. En esa escena, la compensación
imaginaria que Perry hace con la imagen y los atributos que proyecta en Dick
cae con la división subjetiva que el personaje le descubre y es allí cuando se
desencadena la tragedia.
Mi hipótesis
incluye asimismo que Dick Hickock fue para Perry, así como los personajes de
Willie Jay y Joe James, compensaciones imaginarias, imágenes viriles (unas más
pacificantes que otras), suplencias que le permitieron una estabilización y su
posterior fracaso, a mi entender en el pasaje al acto.
Los antecedentes
de la catástrofe de la noche del crimen, los da Capote cuando nos describe la
errancia del personaje, durante cuatro meses, si rumbo, luego de su salida de
la cárcel. No tenemos referencias al respecto en este caso particular pero la
cárcel, el encierro, en ocasiones funciona como un elemento estabilizador.
Perry deambula,
describe Capote, con la obsesión de reencontrarse con Willie Jay, un hombre que
conoció en el encierro y que funcionaba para él como una referencia. Este
hombre lo orientaba, le daba indicaciones, lo captaba a través de la religión.
El autor describe esos meses en la vida de Perry como solitarios y desoladores.
Da la impresión
que Willie Jay, era una figura mucho más pacificante en la vida de Perry ya que
lo calmaba, lo orientaba en sus relaciones y le advertía sobre la necesidad de
controlar su furia. Perry siente por él una “intensa admiración”.
En ese deambular,
un día Perry “supo” que debía encontrar a Willie Jay. Da la impresión que en
ese “saber”, hay una certeza, un intento de enganche. Cuando no lo encuentra,
recibe una carta de Dick, que es una figura catastrófica para Perry, en el
sentido de que a éste le interesa ese rasgo de furia de Perry “como una
auténtica máquina de matar”, para lograr los fines que tenía planeados.
El personaje de
Perry es descripto por Capote como un niño abandonado, desenganchado del Otro,
salvo excepciones donde establece lazos no estándar.
De padre que
suponemos psicótico, errante también y de madre alcohólica, es abandonado a la
edad de siete años al cuidado de unas monjas que lo hacen objeto de su furia y
lo torturan. De su infancia sabemos que tenía un síntoma de enuresis, accesos
de furia y pesadillas. Hay también una fantasía de rescate que tiene elementos
muy reales de devoración y que por momentos, en el relato, no queda claro si es
una fantasía o una alucinación, ya que a veces se transformaba, según sus
descripciones “en un lugar verdadero”.
En su adolescencia
se repiten las escenas de desamparo, los intentos de relacionarse con su padre
que le propone proyectos errantes, delirantes y desproporcionados que lo
enloquecen.
Luego de esos intentos,
Perry va a la guerra de Corea donde tuvo numerosas dificultades de violencia.
Destaco de estas descripciones, un viaje en barco que describe como “lleno de
maricas” que lo acosaban hasta el punto de pensar en suicidarse. Refiere luego,
haber tenido otros problemas con “maricas” que querían perjudicarlo. Esto, a mi
entender podrían ser descompensaciones de Perry en el marco de la guerra,
delirios de persecución en relación con los otros próximos.
Cuando finaliza su
servicio en la guerra, Perry tiene un accidente. Se recupera en la casa de Joe
James. Describe su estancia allí como pacificadora.
Luego va al
encuentro de su padre. Encuentro que termina en una escena de extrema violencia
en la que estuvo a punto de estrangularlo y dice “mis manos eran mis manos pero
no era yo quién las controlaba” “quería despedazarlo”.
A partir de allí,
Perry comete un robo que lo lleva a la cárcel. Allí conoce a Perry y a Willie
Jay, ambas figuras de compensación imaginaria para Perry.
Perry describe a
Dick como “Dick el práctico”, como aquél que se casó dos veces y tuvo hijos, lo
que representaba para él, “todo lo que un hombre debe hacer”. Si bien no
entendía de música ni de poesía, lo que Dick tenía de prosaico, su positivista
modo de enfocar las cosas lo atraía. Dick comparado con él, le parecía
“auténticamente duro, invulnerable y totalmente masculino”.
También es de destacar
que Capote capta lo que llama una “primitiva confianza en Dick” por parte de
Perry, algo que parece ser inclasificable e incomprensible para el autor. En
este marco, Capote describe todo el viaje hacia la casa de los Clutter, la
preparación, con los matices que esta “primitiva confianza” tenía, de
admiración y tensión agresiva entre ambos personajes.
Dick le hace creer
a Perry que le interesan sus búsquedas de tesoros, sus viajes, sus proyectos
para que lo siga en sus planes. Perry advierte en algunos momentos las grietas
de este interés y se desorienta.
Cuando llegan a la
casa de los Clutter, Dick es el que se desorienta cuando ve frustrados sus planes
de encontrar una caja fuerte. La división subjetiva es clara, está confundido y
Perry lo advierte.
Hay dos elementos
que me parece importantes de destacar como desencadenantes también: el dólar
de Bonnie Clutter que Perry va a buscar
“de rodillas” debajo de la cama y que se vio ir a buscar “como desde afuera”,
situación que describe como humillante, y las intenciones de Dick de violar a
la chica, ya que él se describe como alguien que no soporta la gente “que no
sabe controlar sus impulsos sexuales”.
Ambas situaciones
y la división de Dick, ponen a Perry en una situación límite: quiere forzar a
Dick a admitir que es un cobarde y un farsante. Le da el cuchillo para que mate
al señor Clutter y cuando no lo hace, se da vuelta y le corta el cuello a éste.
Situación que no advierte hasta que oye el sonido de la garganta cortada.
Dick quiere irse
pero él no se lo permite y le dispara a toda la familia. La descripción que
Perry hace de lo que ocurre impresiona como un fenómeno elemental en su conjunto,
atravesado por ruidos y explosión.
“Yo no quería
hacerle daño a aquél hombre. A mí me parecía un seños muy bueno. Muy cortés. Lo
pensé así hasta el momento en que le corté el cuello” (Capote, 1965, p. 319)
“Recuerden que
Dick y yo habíamos tenido diferencias. Se me revolvía el estómago al pensar que
había sentido admiración por él, que me había tragado todas sus fanfarronadas.
Le dije: Bueno, Dick ¿no sientes escrúpulos? No me contestó. Le dije: déjalos
vivos y no será poco lo que nos echen. Tenía el cuchillo en la mano. Se lo pedí
y me lo entregó. Le dije: muy bien, Dick. Vamos allá. Pero yo quería. Yo
sólo quería obligarlo a disuadirme, forzarlo a admitir que era un cobarde y un
farsante. ¿Sabe? Era algo entre Dick y yo. Me arrodillé junto al señor Clutter
y con el daño que me hizo me acordé de aquél maldito dólar. Del dólar de plata.
Vergüenza y asco” (Capote, 1965, p 319)
“No me di cuenta
de lo que había hecho hasta que oí aquél sonido. Como de alguien que se ahoga.
Que grita bajo el agua. Le di la navaja a Dick y le dije: “acaba con él, te
sentirás mejor”. Dick probó o sintió que lo hacía. Pero el hombre aquél tenía
la fuerza de diez hombres, se había soltado y tenía las manos libres. A Dick le
entró pánico. Quería largarse de allí. Pero yo no lo dejé. El hombre iba a
morir de todos modos, ya lo sé pero no podía dejarlo así. Le dije a Dick que
cogiera la linterna y lo enfocara. Cogí la escopeta y le apunté. La habitación
explotó. Se puso azul. Se incendió” (Capote, 1965, p 320)
Se concluye de
estos fragmentos, que Perry no soporta la división de Dick y eso le produce un
acceso de furia que, en lugar de descargarse en él, se descarga en el señor
Clutter y luego en toda su familia.
Conclusión
El pasaje al acto
de Perry Smith, es, a mi entender, una ruptura de la compensación imaginaria
del Edipo ausente que los rasgos de “virilidad” de Dick estructuraban en él. La
ruptura del espejo le provoca un retorno que es, a mi entender toda la escena
que él describe y que arma a posteriori en el relato que hace.
Cabe también
pensar en la “inmotivación” de los crímenes psicóticos desde el punto de vista
neurótico. Teniendo en cuenta que tal motivación tiene que ver con hechos
“comprensibles” dentro de la lógica compartida, este tipo de hechos irrumpen en
las sociedades como aquello que esta fuera de la significación.
Según la Real
Academia Española, el término motivo deriva del latín motivus que es relativo a
movimiento y que designa a alguna cosa que tiene eficacia o virtud para mover.
¿Qué es lo que
mueve entonces al acto? ¿qué es lo que mueve al pasaje al acto? Desde la
perspectiva de la ciencia y los cálculos de rentabilidad, lo que mueve a un
sujeto es la maximización del bien, sobre un modelo de acción que es la gestión
empresarial, donde se pueden “evaluar” las opciones.
Para Lacan, el
pasaje al acto es el paradigma del acto, allí, no hay sujeto, es un suicidio
del sujeto, en el cual puede volver a emerger pero nunca será el mismo, de allí
su carácter mutativo. El pasaje al acto
pone en cuestión al sujeto del pensamiento y el postulado de la búsqueda del
soberano bien que en los tiempos actuales está identificado con lo útil, es en
relación a este punto de mira de la utilidad que se mide la adecuación o la
inadecuación de un acto y que un sujeto, se perjudique a sí mismo. La pulsión
de muerte contradice estos postulados de rentabilidad y ponen sobre el tapete
la necesidad de establecer otra discusión en relación con el crimen psicótico.
Por ello, me
parece necesario pensar el pasaje al acto psicótico, en relación con sus
propios “motivos” y desencadenantes que, como en el “caso” Perry Smith nos
remiten a una cuestión de estructura.
Bibliografía
Borges, Jorge
Luis. (1960) El hacedor. Buenos
Aires, Emecé Editores, 1989
Capote, Truman. (1969)
“A
sangre fría”, Bruguera, Barcelona, 1979
Lacan, Jacques. (1981)
El Seminario Libro 3, Las psicosis, 1ª edición, 23ª reimpresión, Buenos Aires,
Paidós, 2015
Miller, Jacques
Alain. (1997) Los inclasificables de la
clínica psicoanalítica. Buenos Aires, Paidós, 1999.
Miller, Jacques
Alain. (1999) La psicosis ordinaria: la
convención de Antibes. 1ª edición 3ª reimpresión: Buenos Aires, Paidós,
2006
Miller, Jacques
Alain. (2005) El Otro que no existe y sus
comités de ética. Con colaboración de Eric Laurent. Buenos Aires, Paidós,
2005
Miller, Jacques
Alain. “Efecto retorno sobre las psicosis ordinarias”. Revista digital Consecuencias
nª 15 http://www.revconsecuencias.com.ar/ediciones/015/template.php?file=arts/Alcances/Efecto-retorno-sobre-la-psicosis-ordinaria.html

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